RECORDAMOS A MUJERES PIONERAS:MARÍA TERESA FERRARI DE GAUDINO, LA PRIMERA DOCENTE UNIVERSITARIA (1887-1956)

He aquí la biografía de algunas de las mujeres pioneras argentinas que, con su esfuerzo incansable, se abrieron paso en un mundo de hombres que las relegaba al ámbito doméstico.

Sus vidas revelan tanto los obstáculos que debieron sortear como la grandeza de sus talentos y sus legados que significaron una gran aporte social.

MARÍA TERESA FERRARI DE GAUDINO, LA PRIMERA DOCENTE UNIVERSITARIA (1887-1956)

La doctora María Teresa Ferrari fue la primera docente universitaria de Latinoamérica.

Esta mujer confesó que “una inteligencia bien disciplinada llega a todo lo que la voluntad se propone”.

 María Teresa peleó, con la misma fuerza de sus pares varones, hasta conseguir una cátedra en la Universidad de Buenos Aires. Eso sucedió dieciséis años después de haberse alzado con el título de médica, en 1911. No era una novedad en aquella primera década de mil novecientos que una mujer haya roto las barreras de su género entrando a los claustros de la Facultad de Medicina. Lo había hecho treinta años antes su colega y amiga de la adultez, Cecilia Grierson. Pero era toda una conquista para las damas de los turbulentos años veinte que una mujer accediese a la enseñanza superior

María Teresa Ferrari nació en Buenas Aires el 11 de octubre de 1887. Siguiendo los patrones de entonces, María se recibió de maestra en 1903, y ejerció la profesión tanto en el colegio William Morris como en la escuela Nº 3, Bernardino Rivadavia. Provocó en esos ámbitos escolares lo que, tal vez en silencio, se había propuesto: cambiar de raíz las estrategias didácticas de aprendizaje bajo las que había sido formada. “Utilizaba en sus clases recursos didácticos muy atractivos” -declaró una ex alumna suya- “No venía solo con definiciones, sino que hacía charlas, decía palabras motivadoras para que nosotras construyéramos oraciones, frases. Usaba disparadores.” Todo eso provocó que las autoridades de unos de los establecimientos ordenaran la observación de sus clases. Pero a María no le importó. Estaba demasiado ocupada en sus estudios médicos que le demandaban grandes esfuerzos físicos y mentales.

Apenas recibida de médica pidió la adscripción a la cátedra de clínica obstétrica.

Si bien no hay constancia escrita de lo determinado por la Comisión Evaluadora de la Universidad, a la doctora se le impidió, en una primera instancia, acceder a la escuela de la cátedra. De inmediato  hizo público un comentario sobre esa discriminación: “Promuévase la preparación de la mujer y ella sabrá desvirtuar los falsos conceptos de su inferioridad biológica, su debilidad física e intelectual y su irremediable mediocridad para la mayoría de los desempeños en que el hombre pretende tener injusta exclusividad”. Pero en 1915 obtuvo la adscripción a la Escuela de Docentes de Medicina, pues ninguna reglamentación interna prohibía a una mujer el ingreso. Y aunque María Teresa fue desplazada a la Escuela de Parteras –considerada de menor jerarquía que la de obstetricia- terminó siendo admitida. Ni bien concluyó la preparatoria solicitó por escrito autorización para inscribirse al concurso de profesor suplente, que se encontraba vacante.   Ante esta solicitud el entonces Consejo Directivo de la Facultad echó mano a  un simple recurso burocrático: demoraron cuatro años en constituir el Tribunal examinador, además de alterar pruebas a su favor que el Audiencia había manifestado. Con todo, el puesto resultó vacante. No obstante eso, cuando por fin obtuvo el cargo de docente universitario el 12 de mayo de 1927, con trece votos a favor y sólo dos en contra, la doctora manifestó, también en forma pública, refiriéndose a aquel desagradable suceso: “Este fracaso, el primero de mi vida, en lugar de restarme bríos, y en lugar de aminorar mis entusiasmos y dejar a aparecer lágrimas a mis ojos y desalientos bien justificados, me sirvió en cambio de estímulo…”2 Por supuesto que le sirvió: la noticia del “Caso Gaudino”, recorrió los principales diarios de América Latina y España. Y ya no hubo vuelta atrás. La doctora comenzaba a formar parte de las estadísticas de los movimientos feministas del mundo y era ejemplo de muchas, de tantas, que ni si quiera  ella tenía conciencia de eso.

De todos modos conviene señalar una última cuestión. Sólo después de su muerte, las autoridades del Hospital Militar Central reconocieron el valor de su paso por la institución a través de una nota publicada en la Revista de Sanidad Militar Argentina.

 María Teresa Ferrari de Gaudino, la mujer que no sólo conoció a Mme. Curie en un curso de perfeccionamiento que realizó con la “dama del Radio”, y que trajo al país el tratamiento del fibroma de útero mediante la técnica de radiación,  es una muestra de totalidad espiritual, de un sinnúmero de voluntades extraordinarias: abriéndose paso a través de un mundo intolerante y mezquino. 

https://web.archive.org/web/20140621042340/http://famu.org.ar/destacadas.html (federación argentina de mujeres universitarias)